ENANAS BLANCAS
- PAQUIDERMO

- 18 mar 2019
- 4 min de lectura
Actualizado: 30 jun 2020
Teresa Díaz del Guante.
“¿A dónde van a morir los pájaros?... Yo nunca he visto un pájaro muerto”

El fin de semana pasado, el espacio escénico LA NAVE de ARTE ESCÉNICO TODO TERRENO, presentó la obra ENANAS BLANCAS de Estarlys Noriega, con Fundación cultural y social Kayes. Este montaje estaba programado para el SEGUNDO ENCUENTRO DE ESPACIOS INDEPENDIENTES Y AUTOGESTIÓN que los “todo terreno” organizaron por segunda ocasión. Para tal evento no pudieron presentarse debido a una estafa por parte de terceros, supongo alguna agencia de viajes, no les permitió llegar a la ciudad para presentarse, y es paradójico, pues su obra aborda el tema de la “trata”, y parte desde el engaño a personas ingenuas que siguiendo un sueño o una mejor calidad de vida terminan dentro de este infierno silenciado que crece cada día en todas partes como una raíz de árbol que crece debajo de nosotros.
ENANAS BLANCAS, plantea la historia de la espera, empezamos en la esperanza de que alguien que ha desaparecido regrese, empezamos en la amistad, y de ahí que vamos desenredando un estambre que va y viene en el tiempo. La obra propone la historia de tres jóvenes, tres chicas que iban en el mismo colegio, que coincidieron en un punto para después separase y volverse a unir en una situación completamente opuesta.

Inicia la obra, debo decir que la solución total de la obra me pareció muy sencilla, pero súper interesante, no solo funcional, hay en el dispositivo escénico una pieza fundamental para contar la historia. Iniciamos con la huida, con el temor de ser encontrada y nos siembran la zozobra acerca de todo, de ella, de dónde viene, un cuerpo absolutamente blanco, un cuerpo menudo huye. Una serie de cartas van exponiendo la relación entre ellas, van develando la amistad y el peligro.
Podría dividir en dos partes el montaje, la primera donde los personajes se nos presentan y nos lanzan pequeñas pistas de la relación entre ellas, de la inquietud que despierta con la edad hacia el cuerpo del otro. Vemos a estas niñas crecer, y vemos como hacen crecer la amistad. Una de ellas deja la ciudad por el trabajo de su padre, cuando todavía es una niña. La obra está muy bien estructurada tiene una zona, como un punto de medio que es “la banca o la espera” donde un par de amigas se reúnen cada jueves, hasta una desaparece, y en estos jueves de espera, aquella amiga de infancia regresa y se miran con esa conocida sensación de haberse visto en otro lugar. En esta banca, donde esperan a una, otra desaparece y hasta aquí sería lo que considero la primer parte de la obra, nos dibujan absolutamente el carácter, la relación entre ellas. La estructura del texto que no se presenta lineal, bien ejecutada en conjunto con un lenguaje coloquial, libre de pretensiones y excesos de palabras, hacen que aquello se vuelva tan cercano.

Siento que la segunda parte del montaje es cuando nos develan aquella situación, nos despiertan en un cuarto oscuro, hasta un calabozo podría ser, y esas dos chicas, están ahí. Una, escapaba hacía un mejor provenir lejos de los problemas de casa, el alcohol de su papá, mientras que la otra con 23, huía con el amor de su vida de 15 días de conocer, dos personas creyendo que otros, solo porque si, y con tal ingenuidad podrían darles eso que tanto se desean. Pensaban salir de un problema y se condenaron al peor de los temores no solo colombianos sino también de nosotros: desaparecer.
La obra que no es lineal como comento, nos presenta estratégicamente cada situación como pieza de rompecabeza y nos deja para el final, la parte gruesa del discurso nos habla claro, ESTAMOS HABLANDO DE LA TRATA DE PERSONAS, deja para la recta final ya que tenemos todo una serie de imágenes que con la convenciones ya echas nos resultan súper potentes. Vaya, nos colocan bombas que después han de explotar.

Unos cuadros de luz se dibujan en el escenario para denunciar ante la fiscalía la perdida de una de ellas, y como siempre, en México y Colombia y el resto del mundo, el desaparecido termina siendo el culpable de perderse. Vemos en los cuadros de luz, una chica de trata de blancas, defender su infierno, “es nuestro trabajo” … las vemos temerosas ya más de la luz, que de la oscuridad a la que ya se acostumbraron.
Regresamos a esa imagen inicial de una chica escapando, ¿de dónde? Ya sabemos, al tiempo, una es torturada, ahogada, por el escape de la otra. Un arma encuentra a la chica que se escapó y vemos como la bala recorre lentamente hasta su muerte.
En un espacio alto, ya no “enanas”, fuera del alcance, fuera del peligro, las tres de blanco, se encuentran por fin juntas, con una amistad que no se desbarato con nada, las tres fallecidas, desaparecidas, pues para quien espera, la espera es también una manera de morir.

“¿A dónde van a morir los pajaros? Yo nunca he visto un pájaro muerto” esta frase me recordó los cuerpos de los desaparecidos que buscamos, en la obra dicen “desaparecido” por no decirte que está muerta.
Este montaje me hizo reflexionar en las similitudes entre Colombia y México, no solo por los cuerpos y estándares de belleza, la fiesta o algarabía, sino por la estela de violencia que ha dejado el narco y ha confundido al poder y trastorna nuestra sociedad. La ingenuidad de los personajes, la manera en la que las actrices ejecutaban las palabras, todo brotaba con tal naturalidad que me hizo sentirme como parte de un sector vulnerable victima de sus propias necesidades, o ¿apoco está mal que una chica busqué un mejor porvenir?

Un buen montaje que sin duda toca la fibras sensibles para aquellos que de alguna manera experimentan la desaparición, o son tomados por cualquiera de las formas que la violencia ha encontrado. Un texto potente pero sencillo, lo cual solo intensifica de manera positiva el discurso. Y la solución escénica me parece de lo más interesante, porque dota al espectador de imágenes muy concretas que no necesitan ser explicadas, creo que en ese sentido el montaje está equilibrado, de pronto la lectura de cartas se vuelve un tanto predecible y un poco, solo un poco cargada, pero siento que es solo un detalle en comparación de la manera en la que se va ajustando hasta el final, el montaje se convierte en metáfora, digo hasta la misma muerte es la metáfora de la desaparición.




Comentarios